Jueves 26 de marzo del 2026
Tras varios meses de buen desempeño, los precios del oro y la plata han registrado una corrección significativa desde el inicio de la guerra en Medio Oriente a fines de febrero. De acuerdo con un análisis de Scotiabank, si bien los fundamentos de demanda de ambos metales no han cambiado de manera sustancial, el contexto financiero global ha generado presiones bajistas en sus cotizaciones.
La caída se explica, en gran medida, por el aumento de la necesidad de liquidez en los mercados. El sell off registrado en las bolsas internacionales y las pérdidas en otras clases de activos han llevado a los inversionistas a liquidar posiciones largas en metales preciosos para cubrir necesidades de efectivo. Este proceso ha coincidido con un escenario de mayor incertidumbre económica global y un aumento en los temores de desaceleración.
Al mismo tiempo, otros factores macrofinancieros han reforzado la presión sobre estos activos. El índice del dólar y los rendimientos de los bonos del Tesoro de Estados Unidos han continuado al alza en un entorno de mayores presiones inflacionarias. Estas presiones están vinculadas, en parte, al encarecimiento del petróleo tras el cierre del Estrecho de Ormuz y los daños a infraestructura energética en Medio Oriente, cuya reparación podría tomar varios años y retrasar una eventual corrección en los precios del crudo.
A este escenario se suma el tono más restrictivo de la Reserva Federal en su reunión de marzo. La autoridad monetaria elevó sus proyecciones de inflación para 2026 hasta 2,7%, lo que ha llevado al mercado a considerar incluso la posibilidad de futuras alzas de tasas, en lugar de los recortes que se esperaban anteriormente. Este cambio en las expectativas también ha contribuido a la presión bajista sobre los metales preciosos.
En este contexto, el oro ha registrado una caída cercana al 17% desde fines de febrero y actualmente cotiza alrededor de US$ 4.380 por onza. Desde una perspectiva técnica, el metal rompió recientemente su media móvil de corto plazo de 50 días, una señal considerada bajista que se confirmó con descensos diarios superiores al 3% en varias sesiones consecutivas. No obstante, los precios encontraron soporte cerca de su media móvil de largo plazo, en torno a US$ 4.100 por onza, niveles que no se observaban desde noviembre de 2025. A pesar de la reciente corrección, el oro aún acumula una ganancia cercana al 2% en lo que va del año.
La plata, por su parte, ha enfrentado una presión aún mayor debido a su mayor volatilidad y a su doble rol como activo financiero y metal industrial. Actualmente cotiza alrededor de US$ 70 por onza, lo que representa una caída cercana al 26% desde fines de febrero. En el acumulado del año, registra un retroceso de aproximadamente 4%.
Pese a estas caídas, el informe señala que los fundamentos de demanda de ambos metales se mantienen relativamente sólidos. En el caso del oro, su demanda podría fortalecerse nuevamente si persisten los riesgos asociados a la deuda pública estadounidense, el aumento de presiones estanflacionarias o una desaceleración económica global vinculada al encarecimiento de la energía y a mayores tensiones comerciales.
En cuanto a la plata, también podría experimentar un rebote cuando los mercados se estabilicen. Sin embargo, su comportamiento seguirá siendo más sensible a señales de debilidad económica en el corto plazo, debido a su uso extendido en procesos industriales.








