Martes 4 de agosto del 2026
El índice PMI manufacturero del Institute for Supply Management (ISM) subió a 55.6 puntos en julio, su nivel más alto desde 2022, impulsado por el aumento de nuevos pedidos, la recuperación del empleo y una fuerte demanda vinculada a inteligencia artificial, centros de datos y defensa.
La actividad manufacturera de Estados Unidos registró en julio su mayor expansión en más de cuatro años, consolidando la recuperación del sector tras un prolongado período de debilidad. El índice PMI manufacturero elaborado por el ISM alcanzó los 55.6 puntos, frente a los 53.3 registrados en junio, superando además las expectativas del mercado. Una lectura superior a 50 puntos indica expansión de la actividad económica.
El resultado estuvo respaldado por un sólido crecimiento de los nuevos pedidos, que ascendieron a 56.7 puntos, así como por una mejora del empleo manufacturero, cuyo índice se ubicó en 52.8, marcando la primera expansión del indicador en 33 meses. Asimismo, aumentaron los pedidos de exportación y la cartera de órdenes pendientes, reflejando una demanda más dinámica para los próximos meses.
De acuerdo con las respuestas recogidas por el ISM, uno de los principales motores de la recuperación es la creciente inversión en infraestructura para inteligencia artificial y centros de datos, que está impulsando la producción de equipos y componentes industriales. A ello se suma el fuerte dinamismo del sector defensa, que continúa elevando la demanda por manufacturas especializadas.
No obstante, las empresas manufactureras señalaron que persisten desafíos importantes. Entre ellos destacan el aumento de los costos de insumos, la volatilidad de precios, los mayores tiempos de entrega y las disrupciones en las cadenas de suministro derivadas de las tensiones geopolíticas en Medio Oriente. Estos factores mantienen la presión sobre los costos de producción y podrían influir en la evolución de la inflación en los próximos meses.
Pese a estos riesgos, los resultados de julio refuerzan la percepción de que la manufactura estadounidense atraviesa una etapa de recuperación más sólida, apoyada por el crecimiento de la inversión industrial y la demanda de sectores tecnológicos estratégicos, en un contexto en el que la actividad fabril acumula varios meses consecutivos de expansión.









