Miércoles 15 de abril del 2026
El Fondo Monetario Internacional (FMI) redujo su proyección de crecimiento global a 3,1% para 2026, en un contexto de creciente incertidumbre geopolítica y disrupciones en los mercados energéticos. La revisión implica un recorte de 0,2 puntos porcentuales frente a estimaciones previas y confirma una desaceleración respecto al dinamismo observado en 2025.
El principal factor detrás de este ajuste es la guerra en Medio Oriente, que ha afectado directamente el precio del petróleo y el gas, alterando las expectativas económicas globales. Según el FMI, el conflicto ha interrumpido el impulso que venía mostrando la economía mundial, generando un entorno más volátil tanto para el crecimiento como para la inflación.
En paralelo, el organismo elevó su previsión de inflación global a 4,4% en 2026, reflejando el impacto de los mayores costos energéticos. Este cambio supone un quiebre en la tendencia de moderación inflacionaria que se venía consolidando en los últimos años, y podría condicionar las decisiones de política monetaria a nivel global.
El escenario base del FMI asume que el conflicto tendrá una duración limitada y que sus efectos se disiparán hacia mediados de 2026. Sin embargo, el organismo advierte que, de prolongarse las tensiones o intensificarse las disrupciones energéticas, el crecimiento global podría caer hasta 2% y la inflación superar el 6%, configurando un escenario cercano a una recesión global.
En términos regionales, el impacto será heterogéneo. Las economías avanzadas muestran una desaceleración moderada, mientras que los países emergentes y en desarrollo enfrentan mayores presiones debido a su exposición a choques de precios y condiciones financieras más restrictivas. En el caso de América Latina, el efecto sería más acotado en comparación con otras regiones, aunque condicionado por la evolución de los precios de commodities y la demanda externa.
En este contexto, el FMI advierte que los riesgos a la baja dominan las perspectivas globales, en un entorno marcado por la fragmentación geopolítica, altos niveles de deuda y menor margen de política económica. La evolución del conflicto y su impacto sobre los mercados energéticos se consolidan así como el principal factor que definirá el desempeño de la economía mundial en el corto plazo.